Gran parte de las cosas salen mejor cuando improvisamos. Además, lo planeado resulta aburrido e incluso, en ocasiones, monótono. ¿Por qué no? ¿Por qué no arriesgar? Quién sabe que lo resultados sean mejores de los que uno pensaba. Puede que nos llegue a gustar no tener las cosas fríamente calculadas.
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