Se paró en seco en el escalón donde terminaba la acera y comenzaba los kilómetros de arena, él ya estaba esperándola en la orilla del mar. ¿Cómo habían llegado hasta ahí? Rose estaba confusa, no solo por las copas que había bebido con sus amigas antes de escabullirse, si no también por su estúpida decisión de ceder a la proposición del aparentemente despreocupado Jason. No comprendía esa influencia que tenía sobre ella. Pero, tras mucho darle vueltas a si seguir o dar media vuelta y largarse, eligió la primera opción. Así que se quitó sus zapatos de tacón y caminó por la arena fría hasta llegar a su nivel, ofreciéndole este la petaca de vodka que habían comprado a medias. Ambos dieron un sorbo, sintiendo así el fuerte alcohol bajando por sus gargantas, proporcionándoles a la vez calor en esa noche de otoño.
Esa noche, tanto una como otro evitaban mirarse de frente, ninguno tenía el valor de hacerlo aunque hubiesen bebido tanto como para sacar el coraje y hacerlo. ¿Y por qué? Ni ellos mismos lo saben, pero igual la noche finalizó entre risas, juegos y largas conversaciones hasta la hora de volver a casa.
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