Una persona, sobre los 14 años, tiene metida en la cabeza la idea de que ya es adulto. Pero, para la mayoría, el concepto de mayor lo confunde con el de idiotez, pues al intentar demostrar que son adultos llevan a cabo una serie de errores como beber alcohol en exceso, fumar, hacer el amor con cualquiera o incluso hacerse delincuente solo para integrarse en un determinado grupo.
Estoy segura de que la mayoría de nosotros hemos cometido algún error semejante en la adolescencia, yo misma hice algunas idioteces a esa edad, y con el paso del tiempo corregí esos errores. Pero ahora es cuando me doy cuenta de lo que sufre un ser querido al ver a alguien muy cercano cometer estos fallos, y en ese preciso momento sientes ese malestar en tu interior, una sensación entre tristeza y miedo por cómo puede acabar su historia, ya que no todos llegan a corregir su mal hábito. En mi caso, mi familia nunca llegó a enterarse de mis males, pero con lo que está ocurriendo ahora he experimentado la decepción que se siente al descubrirlo. Tras lo que he escrito solo se me ocurre una cosa que decir, nunca es tarde para corregir tus errores...
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